He oído durante todo este verano “Mythologies”, el último trabajo de Patrica Barber, genial pianista que ha visitado Granada en más de una ocasión. Interesante y arriesgado, como todo lo que la Barber ha hecho. Excitante cuando deja sueltos sus dedos por el teclado, y cuando enfrenta sus escalas a los rif de guitarra de Neal Alger.
En una entrevista, la intérprete oriunda de Chicago declara:
“la gente necesita música que la toque allí adentro donde no sabía que debía ser tocada…”
Y ella lo hace. No dejen de oír a la Barber. Su interpretación de Las Metamorfosis de Ovidio, con temas como las Horas o Morpheus, es de las pocas cosas que merecen incontables audiciones.
Domus Cáliz
por si alguna vez no fuese posible vivir en otro lugar
11/10/07
18/9/07
Salón comedor

“El siglo patafísico”, es el título de un libro que estamos preparando en Ediciones Traspiés para conmemorar el centenario de la muerte de Alfred Jarry, genial, maldito e incomprendido autor de algunas de las propuestas más originales y descollantes de la literatura de principios del siglo veinte.
Primera sorpresa: las locuras patafísicas del autor del Ubu Rey parecen decisiones razonables al lado de la realidad que nos presentan cada día los medios de comunicación en este inicio del siglo XXI.
Segunda sorpresa: la lógica del absurdo impregna de tal modo la realidad que a nadie se le ocurre sustituirla por un pensamiento racional, sino que las sucesivas locuras se van superponiendo unas a otras.
¿Tendremos que cambiar el título para que se llame “Los siglos patafísicos”?
Primera sorpresa: las locuras patafísicas del autor del Ubu Rey parecen decisiones razonables al lado de la realidad que nos presentan cada día los medios de comunicación en este inicio del siglo XXI.
Segunda sorpresa: la lógica del absurdo impregna de tal modo la realidad que a nadie se le ocurre sustituirla por un pensamiento racional, sino que las sucesivas locuras se van superponiendo unas a otras.
¿Tendremos que cambiar el título para que se llame “Los siglos patafísicos”?
7/9/07
Videoteca: sobre Bergman
Me encargaron un artículo sobre Ingmar Bergman antes del verano, y su reciente muerte ha puesto aún más de actualidad el monográfico que la revista El Fingidor, de la Universidad de Granada planea dedicarle.
Decidí hacerlo sobre “Pasión”, una de sus mejores películas, pese a que no cuenta con la aureola de “Fanny y Alexander” o “Secretos de un matrimonio”.
Confieso que me ha costado escribir sobre el gran maestro sueco, pese a que me fascina su escritura dramática, su dirección de actores, y la planificación de las escenas. Pero es que Bergman, a pesar de su colosal talento, trasmite un mensaje contra el cual hay algo que se revuelve en mi interior. No es únicamente por su pesimismo sobre las relaciones humanas, su desconfianza en la fuerza redentora de los sentimientos, es que al final de cada una de esas escenas tan magníficamente filmadas me queda la sensación de que Bergman se ha dejado algo fuera. Que ha omitido un pulso fundamental de sus personajes, ese instante en que se permitieron un gesto de grandeza, de ilusión o de sacrificio, que contradice o al menos justifica todo lo anterior. No somos ángeles, cierto, pero el príncipe de la oscuridad que Bergman dibuja tampoco me parece fidedigno.
Puede que nuestra modernidad necesitase un cineasta de la talla de I. Bergman para mostrarnos los rincones más oscuros del mundo de la pasión y los sentimientos, pero si en nuestro interior habitase únicamente el caudal de confusión y malestar que él muestra en sus películas, no tendría el menor mérito estar vivo. Y eso es algo que no me gustaría tener que aceptar.
Decidí hacerlo sobre “Pasión”, una de sus mejores películas, pese a que no cuenta con la aureola de “Fanny y Alexander” o “Secretos de un matrimonio”.
Confieso que me ha costado escribir sobre el gran maestro sueco, pese a que me fascina su escritura dramática, su dirección de actores, y la planificación de las escenas. Pero es que Bergman, a pesar de su colosal talento, trasmite un mensaje contra el cual hay algo que se revuelve en mi interior. No es únicamente por su pesimismo sobre las relaciones humanas, su desconfianza en la fuerza redentora de los sentimientos, es que al final de cada una de esas escenas tan magníficamente filmadas me queda la sensación de que Bergman se ha dejado algo fuera. Que ha omitido un pulso fundamental de sus personajes, ese instante en que se permitieron un gesto de grandeza, de ilusión o de sacrificio, que contradice o al menos justifica todo lo anterior. No somos ángeles, cierto, pero el príncipe de la oscuridad que Bergman dibuja tampoco me parece fidedigno.
Puede que nuestra modernidad necesitase un cineasta de la talla de I. Bergman para mostrarnos los rincones más oscuros del mundo de la pasión y los sentimientos, pero si en nuestro interior habitase únicamente el caudal de confusión y malestar que él muestra en sus películas, no tendría el menor mérito estar vivo. Y eso es algo que no me gustaría tener que aceptar.
30/8/07
prensa
Leo la controversia creada por la Sra. Rosa Regas, y me pregunto si cuando la criticaron por embolsarse una millonada al ejercer como jurado en el premio Planeta, (siendo ya funcionaria pública con altos complementos) también lo hacían por su condición de mujer. Si cuando los críticos más honestos, aquellos que no tienen amistad con el poderoso grupo de escritores de Barcelona que ella frecuenta, desvelaron la poca capacidad narrativa de sus novelas, también lo hacían por ser mujer.
Una pregunta:
¿Se puede seguir invocando la discriminación de género para ocultar turbios intereses personales?
Una pregunta:
¿Se puede seguir invocando la discriminación de género para ocultar turbios intereses personales?
28/8/07
Videoteca
Si crees que el cine es riesgo, si estás cansado de que todas las películas digan lo mismo, si te interesan las indagaciones en el amor y el sexo, “Shortbus” escrita y dirigida por el neoyorkino James Cameron Mitchel es tu película para este verano. Tras haber sido ignorada por las Salas de cine, afortunadamente ahora llega en DVD esta ácida comedia sobre los problemas que los sofisticados personajes de Cameron Mitchel tienen con sus relaciones personales. Historias cruzadas en un N.Y. de interiores, con el denominador común de la insatisfacción en el mundo de los sentimientos, y como consecuencia de ello, y a veces también como causa, la experimentación sexual sin límites. A pesar de que en algún momento Cameron Mitchel se ponga trascendente o reiterativo, su propuesta sigue siendo atrevida e interesante.
19/7/07
Videoteca
Mujeres en el parque, de Felipe Vega, me ha parecido una película sólida, bien planteada, humilde, y con alguna incongruencia en el guión, que quizás hubiera podido pulirse. Extraño en el trabajo de Felipe Vega, más aún andando Manuel Hidalgo de por medio. Pero sobre todo, me ha encantado el rostro, la forma de estar en cámara de una actriz que se llama Bárbara Lennie. Deben darle papeles a esta muchacha, que hable, que deje que los encuadres la busquen mientras observa a los demás personajes.
13/7/07
Jardín con pérgola
Cerca de Montefrío (Granada) existe un lugar llamado Peña de los Gitanos. Además de tumbas neolíticas, además de amplias praderas, allí puede descubrirse todo un catálogo de silencios. No es extraño que incluso a un tarugo como yo, se le ocurran unos versos.
Me acusan de reírme de mi mismo
Pero no me divierten esos
Profundos errores
Que uno sostiene contra el tiempo
Me río de que no pocas veces
Descubro que el acierto
Nació de esa contradicción
Que ahora tanto celebro.
Cuando llegue el próximo error
Será lo de siempre:
Dar el paso, dar el paso.
Me acusan de reírme de mi mismo
Pero no me divierten esos
Profundos errores
Que uno sostiene contra el tiempo
Me río de que no pocas veces
Descubro que el acierto
Nació de esa contradicción
Que ahora tanto celebro.
Cuando llegue el próximo error
Será lo de siempre:
Dar el paso, dar el paso.
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