Domus Cáliz

por si alguna vez no fuese posible vivir en otro lugar

12/7/07

Escritorio

Nueva novela-nuevo planeta

Comienzo a escribir una nueva novela, comienzo un viaje al continente más alejado y más cercano del que disponemos los hombres. No llevo billete, ni mapas, ni equipaje, sólo la capacidad de sorpresa, la imaginación, y las ganas de dejarme llevar. Aquí van los dos folios iniciales.



Hechos de Raquel y Lisa


Qué se supone que soy: un médico, un amigo, un hermano ¿Curo, mejoro a la gente? ¿He logrado cambiar algo en estos años? Puede que no sea el mejor momento para hacer preguntas, o que las preguntas no deba hacerlas sobre mi trabajo, sino sobre mí mismo. Que sea eso lo que realmente me inquieta, no la consulta ni los historiales médicos, mucho menos la cuenta de resultados, cualquier cuenta de resultados que pudiese establecer: en dinero, en sentimientos, o si fuese suficientemente ingenuo, en ilusiones. Saber lo que realmente nos importa, ese es uno de los problemas que se supone yo ayudo a resolver a la gente que viene a verme. Y lo cierto es que gracias a ese trabajo he aprendido, mediante errores e intuición, a encontrar las pequeñas verdades que el desconsuelo tan hábilmente esconde.
Entiendo que mi problema es Lisa. Mejor dicho, mis dos problemas son ella y los conflictos que ella arrastraba. Porque arrastrar es un verbo más apropiado que tener, para describir ese tipo de situaciones. Los problemas que la trajeron hasta mi consulta la mañana de abril en que la despaché con un comprimido diario y tres o cuatro halagos personales. Inteligentes, por supuesto, porque Lisa no iba a conformarse con un simple elogio a sus ojos verdemar o al talento que denotaba su forma de creerse y no creerse, que yo la estaba entendiendo. Es intuitivamente lista, como muchas de las mujeres listas y como todas las mujeres intuitivas. Y era también, lo sigue siendo, aunque ahora con un tono más maduro, moderadamente imaginativa, divertida a veces, sobre todo en esas ocasiones en que deja salir a la audaz, a la insólita mujer que fue construyendo en el mundo sofisticado del cine al que la llevaron sus dos amigos. Pero es sobre todo sincera y solidaria, tan sincera y solidaria como esas campañas de sacrificio personal que lleva a cabo con su Ong, por cualquiera de los suburbios del mundo. Al menos allí, quiso aclararme, me curo del egoísmo de los artistas, de sus necesidades de genialidad y autoestima. Esos esfuerzos de humildad, esos rende vu con su compasión que ella juzga ya como imprescindibles. Al menos así me lo quiso contar durante las sesiones siguientes, igual que me contó la intensidad de su doble vida con esos dos socios que a causa de su relación con ella, dejaron de serlo.
Y claro, se suponía que yo iba a entender, a ordenar todo eso, iba a sacar mi varita mágica de ciencia bajo cita periódica e iba a establecer un diagnóstico. Un diagnóstico puede ser bueno o malo, aunque en realidad a nadie le importa demasiado, siempre y cuando luego el tratamiento sea efectivo. Podría haberla sometido a una batería de test, pese a que siempre he tenido mis dudas de que unas preguntas redactadas por un desconocido puedan decirnos nada sobre otro desconocido. Podría haberle recetado algunos fármacos que rebajasen la tensión que traía, proponerle pequeños cambios en su vida: descanso, técnicas de relajación. Incluso podría haberle presentado a otras personas con su mismo problema, para que viese de verdad en qué consiste la enfermedad. Pero decidí optar por el camino más largo e incierto, por el apoyo continuo para que ella misma desvelase sus trampas. Ese estar siempre a su lado con la capacidad de comprender, que yo he vendido como mi arma secreta. Y si digo arma, es porque arma es una palabra más apropiada que tratamiento. Así pues instigué su ego hasta una altura en que se topase con el de los demás, restauré esta autoestima que linda directamente con la autoestima de los otros y por ficción o por contagio termina debilitándose, perdiendo energía hasta que comenzamos a quejamos de la vida que nos ha tocado vivir.
En ese esfuerzo comenzó todo. En esa comprensión que tanto se parece al cariño o la admiración. Y aunque no es la primera vez que me ha gustado una de mis pacientes, no me cabe duda que tener a horas semanales fijas la posibilidad de ver a la persona que deseas, era el paraíso para el enamorado pragmático en que yo me había ido convirtiendo.

1 comentario:

JJ dijo...

Pues ánimo, y suerte.

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