Domus Cáliz

por si alguna vez no fuese posible vivir en otro lugar

28/11/09

La habitación noctámbula


Estoy disfrutando últimamente de una ajetreada vida social. Aquí aparezco en una de las últimas presentaciones literarias a las que he asistido.




10/11/09

La habitación de Herder Guzmán

Volante para la consulta

Alguna vez
los hombres,
creyeron que la poesía era una medicina
y se la otorgaban a los
enfermos.

Despues supusieron que
era una enfermedad,
aunque muchos
la sintiesen como el mal más dulce.

Ahora se la supone un síntoma
Pronto será un contagio.

Una imparable epidemia,
que ha sido capaz de curar
a personas absolutamente sanas.


Herder Guzmán

4/11/09

La habitación Ayala

Ayala y la recuperación de un maestro del relato
Parece que llegó por fin el momento en que Granada recupere definitivamente a uno de sus escritores más destacados. Cierto que ha habido antes de ahora otros homenajes, congresos y visitas de Francisco Ayala, pero de alguna forma esta cita, que tiene mucho de singular ya que se trata de celebrar también su centenario, debe lograr que no podamos ya olvidarnos de un autor tan importante. Ayala debe formar parte del paisaje cultural y social de esta ciudad, igual que otros grandes creadores que también fueron relegados en su día por motivos políticos.
Para quien esto escribe Ayala es doblemente importante, doblemente necesario. Primero porque es posiblemente el mejor escritor de relatos que ha dado esta tierra desde Pedro Antonio de Alarcón. Más aún, los textos breves de Ayala se cuentan entre lo mejor del siglo veinte en lengua castellana, y ciertamente que hay mucho con lo que competir. Y segundo, porque podría haber sido ese espejo que las generaciones de cuentistas granadinos de los últimos cincuenta años hemos tenido que buscar en otras partes.
Ayala es pues un gran relatista. Sus primeras colecciones de cuentos, El boxeador y un ángel, recogen ese aire de modernidad y vanguardia que tanto ha faltado en nuestra tierra por motivos históricos. Sus posteriores volúmenes, Historias de Macacos, La cabeza del cordero o Los usurpadores, nos enseñan que la literatura, además de bucear en los más profundos conflictos y tentaciones humanas, además de poseer una marcada vocación estética que convierta el lenguaje en un arte y una diversión, debe poseer también una intención moral. Las narraciones cortas de Ayala, gran conocedor de la sociología y la historia reciente de nuestro país, son honestas, muy humanas, y quizás por eso mismo muestran un inevitable de sentido del humor, un constante asomo de duda.
En este tiempo híbrido que nos toca vivir, cuando los géneros breves tienen que abrir nuevas vías a la creación, El jardín de las delicias, con ese deje tan borgiano, nos enseña que la meditación más profunda, el juicio en forma de palabra, el gusto por encontrar lo común y auténtico del hombre en sus mínimos gestos, puede ser un camino interesantes para los escritores de generaciones futuras.
Bienvenido Ayala a tu tierra, donde tanta falta nos han hecho los maestros.


artículo publicado en el diario Granadahoy, con motivo del centenario de Franciso Ayala

3/11/09

La habitación de Herder Guzman, poeta por necesidad

El silencio

Alguna vez Herder ha llegado a entender,
por qué es tan necesario el silencio:
para sentirse dentro de un cuerpo,
para que la música tenga un rival digno.
Porque en el silencio
guardan su piel todas las verdades
y se vuelven cómplices los sentimientos.
Porque gracias a él,
nos hacemos adictos a la soledad,
a los rostros dormidos, al color de algunos inviernos.






Herder Guzmán, nació no hace aún medio siglo en un pueblo de la costa atlántica de Cádiz, de madre brasileña y padre pescador. Aprendió a amar los libros gracias a un maestro benévolo que andaba siempre dispuesto a ponerse como ejemplo, tanto de lo bueno como de lo malo. Carpintero y alfayate, Herder se embarcó sin rumbo para huir de un desengaño de juventud. Encontró en el viaje, en la lejanía y las gentes, un sinfín e preguntas. Ha elegido Granada para intentar responder a algunas de ellas. Autodidacta de formación, lee todo aquello capaz de entusiasmarle. Se acerca a la poesía con la mirada asombrada, incrédula, convencido de que ha encontrado en la escritura algo que le entusiasma tanto como leer.

17/10/09

Una habitación para la novela, es siempre una habitación propia


El próximo miércoles, 21 de octubre, a las 19 h. presentaré mi novela "Horas para Wallada" (Paréntesis Editorial) en el Museo Casa de los Tiros, C/ Pavaneras, 19, de Granada. El acto será presentado por el poeta y profesor Álvaro Salvador




Horas para Wallada



Siempre tan solemne, apenas llegué Sidi declaró ante todos los presentes que entraba una mujer cuyos versos eran tan emocionantes como su conversación. Luego me llevó al cuarto donde tenía la biblioteca, y me mostró una vitela en la cual se recogían los poemas que Wallada había dedicado al poeta Ben Zaydun, el gran amor de su vida y el hombre con quien compartió la gloria en la Córdoba califal. Pero también el hombre al que abandonó años más tarde cuando creyó haber sido traicionada, y al que satirizaba en unos atrevidos poemas que al parecer corrieron de boca en boca por toda la ciudad. Wallada escribía saltándose muchas de las normas de recato y sumisión que rigen para las mujeres, incluso hablaba de su naturaleza femenina sin mostrar el menor atisbo de vergüenza. Si bien cuando se conocían los avatares de su existencia, la lucha que había mantenido para que se respetase su talento, podía llegar a comprenderse que hubiera precisamente esas palabras. Tal vez me aventuro por un camino que no conozco, pues el paso de los siglos suele confundir nuestra opinión sobre los hombres y mujeres que nos precedieron, pero estoy segura de que Wallada comenzó a escribir con aquel desparpajo para responder con versos agudos a quienes se burlaban de ella, y terminó haciéndolo para demostrar que una mujer podía ser tan ingeniosa en el manejo de la métrica como un hombre. Y por lo que cuentan las crónicas parece que no le fue mal del todo, pues, además de tener tertulia literaria y seguidores, fue maestra de otros grandes personajes de la época.

9/10/09

De paseo por las noticias, esa habitación de la casa que jamás está vacía

Estoy seguro de que hay cientos, quizás miles de personas en este mundo que merecen el Premio Nobel de la Paz. Gente anónima que en cualquier lugar del orbe consagran su vida a los más necesitados, que renuncian a todo para hacer del mundo un sitio más digno. Hombres que luchan, que apuestan su vida y su ilusión para que los demás puedan vivir un poco mejor. Tal vez sean incluso centenares de miles.
Pero estoy convencido también de que si les preguntasen a esos hombres qué era lo que deseaban más fervientemente, no hubiesen pedido que les concedieran ningún premio, sino que habrían defendido que lo que todos precisamos es de dirigentes que crean que merece la pena consagra su vida a los más necesitados, y que renuncien a las tentaciones del poder para intentar hacer del mundo un lugar más digno.
Ese premio Nobel que hoy le han dado a Barak Obama es un intento para que continúen surgiendo por todos los lugares del orbe más dirigentes que luchen, que apuesten la vida y la ilusión para que otros puedan vivir un poco mejor.
Son tan escasos, que los necesitamos fervientemente.


Somewhere over de rainbow, versión de Melody Gardot
http://www.youtube.com/watch?v=JxYXruPC-Uk

4/10/09

La habitación de La Ladrona









A propósito de la lectura realizada el 29 de septiembre en la Cuadra Dorada, con textos de las escritoras Trinidad Gan, Pepa Merlo, Gracia Morales, Mónica Frances, Erika Martínez, a partir del cuadro La ladrona, del Museo Casa de los Tiros.




En la entrada del Museo nos recibió Gemma Matarranz, anclada a las escaleras, dispuesta a ser ese espectro que guía a los visitantes. Nos iba a llevar hasta La ladrona























La literatura es una irrealidad en dos partes: el lector y el escritor. Pero durante siglos el lector fue en realidad un oyente. Eso es algo que hoy en día sólo los poetas recuerdan. Trinidad Gan y Gracia Morales leyeron sus poemas sobre La ladrona desde una ventana, asomadas a un patio repleto de oyentes, que retrocedimos unas cuantas fechas en el calendario. Leer la poesía tiene también dos partes: el texto en sí y la forma de leerlo.



Ya llegáis.
Uno, dos, tres…, cuatro…Os escucho acercaros. Pisadas de alguien joven, varios jóvenes, alguien de más edad también.
¿Cuántos sois? ¿Ocho? ¿Doce? Con los grupos numerosos me puedo confundir.
¿Pasáis de largo? No. No, os detenéis. Os habéis detenido.
A mirarme.

Gracia Morales




Un coro de mujeres, nueve voces,
Se oye gritar desde la lejanía.

Trinidad Gan




A continuación Mónica Francés nos invitó a su habitación favorita: la sorpresa. Nos los dijo bien claro: el lector-oyente de hoy día, oye a una máquina.
Y lo hizo con el atrevimiento habitual de sus textos. Daba para mucho el texto que Mónica declamó, llevándonos a los presentes de una parte a otra de aquella habitación que siglos atrás se había dedicado a acoger suntuosas tertulias. Daba para diez o quince minutos pensando en su divertida forma de hacer añicos el lenguaje, a ver si así nos dice algo.

Pero era preciso peregrinar hasta la habitación de la protagonista absoluta de la lectura, la mujer que había concitado la atención de los dos hemisferios de esa irrealidad que llamamos literatura: La ladrona.












La ladrona decimonónica y pastiche que, con su seno libertario y su anacronismo romántico, todavía estaba en condiciones de dar un grito en la sala del Museo y provocar que todas las miradas la buscasen. Tal vez el gesto de la actriz Gemma Matarranz de postrarse ante ella, era el pago por todas esas miradas.



Erika salió de una celosía, y luego saltó por la ventana. Pensando tal vez que la libertad se puede conceder con sólo con un poema.


La ladrona maldice el óleo
Donde la abandonó
Un pintor trasnochado
Que le dio la última pincelada
Como quien tira la primera piedra.

Erika Martínez












Pepa Merlo aguardaba en el jardín, el lugar más secreto y arcano del edificio. Allí estaba ya el cielo oscurecido y las sombras de los cipreses. Y Pepa, como una sorpresa, como el último vistazo que se echa a un cuadro.


Se inaugura un nuevo siglo: 1900. Y es mi imagen la que viene a romper la delgada línea que divide el tiempo antiguo de esta nueva era. Una hégira que en nada variará de lo que fue, es posible incluso que sea más brutal, más despiadada. El género humano no madura a la misma velocidad que lo hace su propia crueldad.
Pepa Merlo





Por último, las actrices Esmeralda Linares y Mamen Aguilera, hicieron una escenificación de la mujer atrapada, la mujer víctima, la que va a estar revelándose mientras la consideren únicamente un modelo, un motivo anacrónico para un cuadro.













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